La elección del Papa Francisco, primer papa argentino y jesuita despertó un particular interés por la historia de ésta orden que eligió la Ciudad de Córdoba en 1599 para desarrollar un proyecto educativo, administrativo, evangelizador y económico sin precedentes en el mundo: Universidad, Noviciado, Convictorio de Monserrat y Las Estancias, declarados Patrimonio de la Humanidad en el año 2000. Por ello, no existe en la Argentina otro lugar que represente la tradición y la arquitectura Jesuítica como la ciudad de Córdoba.
Cada rincón de la Manzana Jesuítica encierra cientos de historias y relatos. Cómo conocer todos y cada uno de estos espacios en profundidad harían demasiado extenso el recorrido; le proponemos fijar la atención solo en un detalle, tal vez el más significativo, los patios.
Estos espacios creados con el solo propósito de dar luz y aire a las construcciones, en la arquitectura jesuítica se convirtieron, por su singular belleza, en un símbolo.

1 – Patio del antiguo Convictorio de Monserrat (Actualmente patio del Fundador del Museo de arte religioso San Alberto). Alrededor de el se disponían las aulas del antiguo Convictorio, algunas habitaciones y el comedor. Los claustros resueltos con bóveda de cañón corrido dejan ver las gruesas y añosas paredes. Un reloj de sol se apoya sobre la cornisa sur, mientras que en el ángulo sudoeste una elegante espadaña nos recuerda que la casa fue también morada de las carmelitas.

2 – Patio del Rectorado de la Universidad: La apertura del ingreso a la Universidad por calle Trejo en el año 1875, dejó a los alumnos en directa comunicación, zaguán mediante, con el gran patio. De simple espacio de tierra se convirtió en jardín botánico, luego circundado con una artística reja de hierro forjado fue el marco para que el maestro de Lola Mora, Don Victor de Pol perpetuara en 1903 la memoria del Obispo franciscano Fray Fernando de Trejo y Sanabria, benefactor de los universidad.

3 – Patio del actual Colegio de Monserrat: Originalmente aquí funcionó la residencia y procuraduría de los padres y luego de la expulsión se trasladó el convictorio. La apertura de la calle Duarte Quirós mutiló dos, de los tres patios originales. Hoy, el patio sobreviviente cobija dos palmeras centenarias y una fuente central de características andaluzas que fue colocada a mediados del siglo XX. Sobre el claustro oeste, una refinada hornacina aloja la escultura del fundador del colegio, el presbítero Ignacio D. Quirós.









