Por @peraltakuki
Emprender una experiencia de turismo activo con grado de dificultad media provoca indiscutiblemente una mezcla de sensaciones, emociones e incertidumbre sintetizadas en preguntas tales como, ¿Cómo será, podré? . A lo largo de los siguientes renglones viene la “spoileada”.
Se trata de una vivencia sublime donde la naturaleza acaricia hasta el abrazo, los sentidos desbordan de tantos estímulos, el mirar, sentir, oír y emocionarse colman todas las expectativas; y si sumamos la actitud del team de la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico Local comandado por la Lic. Luciana Pacha; con accionar seguro, profesional y un toque tan contenedor, la calificación de la experiencia es sobresaliente.

Nunca terminan las sorpresas que la naturaleza va brindando a lo largo del ascenso, cima y descenso. En los atajos o sitios de mayor dificultad un refuerzo de asistentes devuelve la confianza, a la hora de la contemplación, yá en la cima, un mimo más que preciado “merienda calentita mate cocido y torta frita”; y como si todo fuese poco en bajada, a mitad de camino, una intervención artística irrumpe y sorprende hasta las lágrimas.
La noche era dueña y señora, unas tímidas luces rojas aparecieron acompañadas de un sonido tan dulce que olvidabas el cansancio. Era un dúo de quena y pandero ejecutando sonidos elevadores, una auténtica invitación a agradecerle a la vida y la naturaleza algo tan simple como “El respirar”, mientras una bailarina cual libélula acompañaba y recorría con su danza el derredor marcado con luces rosas en clara alusión a la campaña de concientización del cáncer de mamas y octubre rosa.
Esta aleación deportiva, cultural y artística, sin lugar a dudas enaltece la oferta y los recursos proporcionando siempre alternativas por descubrir. Felicitaciones La Falda.









