“Cofradía de indios” mencionaba un documento de 1611; y es muy lógico que existiera un espacio destinado a ellos, porque la principal tarea de los jesuitas en estas tierras fue precisamente la instrucción religiosa a los indios.
Ubicada al norte de la iglesia Mayor, la Capilla de los Naturales del Niño Jesús no soportó la falta de mantenimiento luego de la expulsión de los padres, el techo colapsó y las vigas encajadas en la pared del templo se deterioraron. Recién en 1877 por iniciativa de un sacerdote jesuita se reconstruyó “la Capilla caída”, llamada así por el vecindario, destinándola como recinto de reuniones para la congregación de los artesanos y además para otorgar comodidad espacial en las celebraciones religiosas de gran convocatoria.
En 1897 el padre Cayetano Carluccci decidió modificarla nuevamente y crear la actual Capilla de Lourdes, copia fiel de una iglesia edificada en homenaje al duque de Medici en Florencia, Italia. Una imponente imagen de la virgen de Lourdes preside el retablo principal que incluye en uno de sus costados a la tierna “Bernardita”, la niña a quien la virgen se le apareció por primera vez.
Capilla de Lourdes, un espacio casi escondido a tener en cuenta a la hora de visitar la iglesia de la Compañía de Jesús.









