Por: Kuki Peralta
La figura de Fray Manuel de Mercadillo pasó como a ráfaga por la Ciudad de Córdoba. Sólamente cinco años desde la llegada hasta su muerte en 1704 fueron suficientes para ser recordado en una calle que hoy lleva su nombre y un monumento histórico nacional llamado “La Casa del Obispo Mercadillo”.

Por Bula Papal el mencionado Obispo trasladó en 1699 la sede episcopal de la Diócesis del Tucumán desde Santiago del Estero a Córdoba y junto con ella el Colegio Real y el Seminario bajo la protección de Santo Tomas de Aquino.
Los primeros años residió en el convento de los dominicos hasta que en 1703 adquirió una propiedad frente a la plaza mayor (actualmente Rosario de Santa Fe 39) lo suficientemente espaciosa para albergar las dos instituciones: diez cuartos de vivienda, un alto con balcón a la plaza, cocina, huerta y dos sitios baldíos colindantes para continuar la obra.

Tras la muerte del Obispo, la propiedad sufrió numerosas transformaciones y pasó por varios dueños hasta que uno de ellos, Francisco Bravo, por cláusula testamentaria dejó en manos del Obispado de Córdoba una pequeña edificación de mediados del siglo XVI cuya autoría se le atribuye a Antonio Gonzalez Merguete. Se compone de la entrada principal abovedada de ladrillo, cal y canto rodado con puerta de madera de algarrobo tachonada, enmarcada por dos fuertes pilastras, sostén del coqueto balcón combado de hierro que se encuentra en la planta alta, a la que se accede por una escalera posterior.
Hoy, bajo jurisdicción municipal, este edificio que claramente no fue habitado por el Obispo Mercadillo, luce más bello que nunca gracias a la intervención del arquitecto Miguel Angel Roca quien lo rescató apelando a un contraste visual: el ladrillo visto, símbolo de las construcciones de fines del siglo XX hace de escenario envolvente para que la pequeña construcción de blancos muros, piedra y calicanto no pase inadvertida.









